PONERLE NOMBRE AL GATO

Oye, ¿sabes esos días en los que te viene la malea?

  • ¿Algo así como cuando sientes morriña?
  • No -dijo lentamente-. No, la morriña te viene porque has engordado o porque llueve muchos días seguidos. Te quedas triste, pero nada más. Pero la malea es horrible. Te entra miedo y te pones a sudar horrores, pero no sabes de qué tienes miedo. Sólo que va a pasar alguna cosa mala, pero no sabes cuál. ¿Has tenido esa sensación?
  • Muy a menudo. Hay quienes lo llaman angst.
  • De acuerdo. Angst. Pero ¿como le pones remedio?
  • No sé, a veces ayuda una copa.
  • Ya lo he probado. También he probado con aspirinas. Rusty opina que tendría que fumar marihuana, y lo hice, una temporada, pero sólo me entra la risa tonta. He comprobado que lo que mejor me sienta es tomar un taxi e ir a Tiffany’s. Me calma de golpe, ese silencio, esa atmósfera tan arrogante; en un sitio así no podría pasarte nada malo, sería imposible, en medio de todos esos hombres con los trajes tan elegantes, y ese encantador aroma a plata y a billetero de cocodrilo. Si encontrase un lugar en la vida real en donde me sintiera como me siento en Tiffany’s, me compraría unos cuantos muebles y le pondría nombre al gato.                                                                                 Fragmento de “Desayuno en Tiffany’s” de Truman Capote.
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